martes, 4 de julio de 2017

LA BATALLA DE SIERRA CHICA

LA MAYOR VICTORIA DE CATRIEL. LA PEOR DERROTA DE MITRE

 Por Walter Minor

Walterhistorias@gmail.com


A finales del otoño de 1855, se consumaba una de las mas trascendentales victorias indígenas, en el memorable combate de Sierra Chica. 

Allí, las fuerzas de Juan Catriel, apoyadas por Cachul y Calfucurá, vencieron al inmenso ejército comandado por Bartolomé Mitre, quién debió escapar de noche y a pie, llegando al Azul, el día 2 de junio de 1855.

Fue una de las derrotas más dolorosas sufridas por el ejército nacional en toda la historia, que tuvo gran repercusión en los diarios capitalinos, máxime, porque Mitre en una de sus “fabulosas” arengas, se había hecho responsable de cuidar “Hasta la última cola de vaca de la provincia”.

El siguiente, es el resumen de este recuerdo, que formará parte del libro que estoy escribiendo sobre Catriel, así que espero que sea del agrado de todos.

Después de Caseros

Después de la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), que significó la caída del régimen Rosista, la frontera interior del país se vio alterada por una serie de acontecimientos lamentables.
           
Las huestes de los caciques Catriel y Cachul, que estaban asentadas en las inmediaciones de los arroyos Azul y Tapalqué, actuando como refuerzo de las guarniciones en esa frontera, se retiraron hacia los dominios de Calfucurá en Salinas Grandes. Con el advenimiento del nuevo gobierno, dejaron de percibir el pago por sus servicios, provocando un profundo descontento, que terminó con los  tratados de paz que habían formalizado y mantenido durante todo el gobierno de Juan Manuel de Rosas.

A partir de marzo de 1852, los nativos retornan a los malones, que ya parecían solo un recuerdo y destruyen una estancia de Tapalqué (hoy Olavarría), atacan Bahía Blanca y asaltan  la Fortaleza Argentina. 

Nacientes poblados como los de Rojas, Junín, 25 de Mayo, Tapalqué, Bragado, Azul, Tandil, Bahía Blanca y Carmen de Patagones, quedan indefensos ante el accionar indígena.

Para sumarle mayores problemas a todo lo comentado, 11 de septiembre de 1852, Buenos Aires se rebela contra Urquiza y se crea el Estado de Buenos Aires. Valentín Alsina asume el gobierno. El comandante Hilario Lagos se subleva en Luján, al frente de un ejército de gauchos sitia Buenos Aires.

El 22 de enero de 1853, este ejército, fue derrotado por el General Gregorio Paz en  las proximidades de Chascomús, cayendo prisionero su jefe, el Coronel Pedro Rosas y Belgrano. Las fuerzas se dispersan y en su retirada, los indios atacan la Estancia Casallares (Hoy Alvear) y matan a sus pobladores. El Coronel Campos se refugia con sus hombres en las sierras y es capturado por  el Comandante Aguilar.

A todo esto, Los indios, bajo el mando de Juan Catriel, vuelven a sus primitivos asentamientos rotativos, ahora en las cercanías de Sierra Chica y el arroyo Nievas, mientras que Cachul lo hace sobre la Laguna Blanca Chica y el Cerro de la China.

Establecido desde siempre en su cuartel de Salinas Grandes, el cacique general Calfucurá, jefe de la gran confederación araucana de la pampa se compromete con el general Urquiza, a no atacar la Frontera Sur de Santa Fe. 

El hábil araucano comprende la ventaja de evitar a un enemigo  poderoso y se limita a invadir la campaña de Buenos Aires.

Ante la realidad de estos acontecimientos, los estancieros, temiendo por sus vidas, abandonan el campo y se retiran a sitios más seguros, haciendo retroceder la frontera a la a su antigua línea.

Al comenzar el año 1855, El Gral. Urquiza presidía  la Confederación, Pastor Obligado gobernaba en la Provincia de Buenos Aires y  como Ministro de Guerra se desempeñaba Bartolomé Mitre.

El  país empezaba a cambiar después de Caseros. El indio ya no sería contemplado como componente útil del nuevo sistema, perdiéndose así una inmejorable posibilidad de continuar la integración pacífica que se venía gestando a través de más de 20 años. 
 

 Traslado del pueblo de Tapalqué

 

Emilio Mitre
 Derrotado Rosas, las autoridades nombran de  inmediato a los nuevos jueces de Paz. En Tapalqué, se designa a Joaquín Lacarra (1852 – 1854), el cuál no tuvo mayores inconvenientes para desempeñarse, pues este período fue de relativa tranquilidad en la zona. Sin embargo, al ser puesto en funciones Ezequiel Martínez el 19 de febrero de 1854, la situación cambió notoriamente.

Al evaluar el poco progreso que había concretado Tapalqué en sus 20 años de existencia, Martínez, encabeza una petición de los vecinos para trasladar el pueblo “a las puntas del arroyo Tapalqué”, distante unas ocho leguas al sudoeste, en el sitio que ocupa en la actualidad la ciudad de Olavarría.

El petitorio elevado obtiene una respuesta positiva por parte del gobierno y se decide enviar al agrimensor Ludovico D'Horbourg para buscar el mejor lugar, donde instalar el nuevo asentamiento.

Los nativos, que leían los diarios y además tenían sus informantes, se enteran aquella intención de invadir su espacio y el cacique Catriel le ordena al Juez de Paz, Ezequiel Martínez, que llegue a sus tolderías para darle explicaciones sobre esa decisión. Martínez se niega rotundamente y entonces Catriel lo secuestra.

El suceso provoca gran temor en la campaña, logrando que el periodismo se haga eco y los legisladores critiquen la pasividad de las autoridades.

La presión determinó que el gobierno designara al Ministro de Guerra y Marina Coronel Bartolomé Mitre, para llevar a cabo una ofensiva que terminara con Calfucurá y su Confederación nativa.


Preparativos

El 7 de mayo de 1855, desde Buenos Aires, con destino al  Azul, parte el comandante Emilio Mitre al frente del regimiento de infantería 2 de línea. Allí lo esperaba el coronel Martínez, quien dispuso que el comandante Villar concentrara en Santa Catalina a todas las fuerzas disponibles en aquella plaza, que ascendían a 250 hombres ( 160 coraceros, 50 Guardias nacionales y un grupo de indios del cacique amigo Maicá).

A mediados de mes, Bartolomé Mitre se traslada al Azul para dedicarse personalmente a concretar el plan de ataque que había pensado. El mismo comprendía un ataque por sorpresa a la toldería de Catriel, impidiéndole la salida hacia el desierto, mediante la intervención del Coronel Laureano Díaz, quién vendría desde el fuerte Cruz de Guerra  con un cuerpo expedicionario, formado por los soldados del mismo fuerte, la mitad de las guarniciones de los fortines Ángeles e Ituzaingó y toda la reserva de Bragado.  Una vez reunidas las fuerzas, con tres caballos por hombres, debía atacar las tolderías de Cachul, situadas sobre la laguna Blanca Chica y luego sumarse al ejercito de Mitre.
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La marcha

Juan Catriel
El día 25 de mayo el coronel Díaz, se pone en marcha, con la orden de atacar el día 30 a Cachul y unirse a Mitre, para lograr terminar con Catriel en Sierra Chica.

Mitre, por su parte, sale desde Azul el 27 de mayo al oscurecer, al frente de una columna de poco más de 700 hombres.

Las tropas avanzaron Arroyo Azul arriba, plegándose en el camino varias partidas de paisanos con sus tropillas; esa noche la columna marchó siete leguas y acampó detrás de una cadena montañosa. En ese punto permanecieron escondidas todo el día 28, donde fueron avisados que Cachul había llegado a los toldos Catrieleros con sus soldados de lanza, ya que al día siguiente tendría lugar  un gran parlamento.

Al oscurecer se volvió a marchar, dando un rodeo de ocho leguas para llegar a la punta de la sierra grande de Tapalqué, dónde acamparon en una quebrada, sin comer, pese al frío.

A las 11 de la noche llegó la columna, cerca de las nacientes del arroyo Tapalqué, donde la caballada bebió, luego de 24 horas sin hacerlo.

Luego de descansar en el lugar, él ejército siguió avanzando, pero al poco tiempo de  costear el arroyo, el baqueano aseguró que se hallaban a poco más de una legua de los toldos, por lo que Mitre ordenó desmontar y permanecer silencio hasta aproximadamente las seis, hora en que amanecía e iniciarían el ataque.

Las primeras luces del día trajeron la poco grata realidad de que el baqueano se había equivocado y aún faltaban dos leguas para llegar a Sierra Chica.

Este tropiezo le significó forzar una hora más de marcha y ni bien llegadas a la zona de conflicto, las tropas de infantería, caballería y milicias, fueron formadas en tres columnas paralelas para iniciar el ataque, apoyados por las huestes de Maicá.

El combate

El ejército de Mitre llegó a la cima de la sierra, tras la cual se hallaban los toldos de  Catriel y Cachul. Los nativos, apurados por la circunstancia, se reunieron rápidamente en la costa del arroyo cuando Mitre dispuso iniciar el ataque, que fue bastante desordenado.

A pesar de eso, la sorpresa fue un aliado en el primer momento, logrando el ejército, apoderarse de una gran cantidad de caballos, aunque el arreo de los mismos y gran parte de las milicias que se dedicaron al saqueo, aprovechando el repliegue indígena, hizo que los nativos reaccionaran y contraatacaran con todo su poderío.

Este combate resultó favorable a Catriel y Cachul, sufriendo el ejército varias bajas entre muertos y heridos.

El fuego de los fusiles espantó a la caballada quitada a la tribu y en la estampida se llevaron tras de sí a casi toda los caballos de infantería y los de reserva que aún se conservaban, quedando el ejército, prácticamente de a pie.

A eso de las nueve y media de la mañana, todavía no había noticias de la llegada del refuerzo que vendría desde la Laguna Blanca Chica. Por lo que Mitre decidió subir a la cima de la Sierra para actuar a la defensiva, hasta que aquellos llegaran.

Los Catrieleros, mientras tanto, amenazaban con atacar a cada momento, hasta que cercano a la caída del sol se sintió un lejano cañoneo que renovó las esperanzas de Mitre y su gente, creyendo que se trataba del auxilio. Lamentablemente para ellos, las fuerzas de Calfucurá se habían interpuesto en el camino y aquella columna nunca llegaría a destino.

Mitre entendió entonces que la derrota era un hecho consumado y que lo único que quedaba era salvar la vida de quienes seguían luchando, por lo que iba repeliendo las pequeñas escaramuzas y alimentándose como podían

El día posterior fue igualmente terrible para el ejército, ya que al oscuro final que se avecinaba, se le agregaba el cansancio y una llovizna constante que calaba los huesos.
Las pequeñas guerrillas continuaban y el hostigamiento hacía mella en la moral del ejército.

La huida

Bartolomé Mitre
Sabiendo que durante la noche los catrieleros darían el asalto final, apoyados por los indios de Cachul y Calfucurá, Mitre trazó un plan de huida en la tarde. El mismo consistía en dejar armadas dos tiendas de campaña,  abandonar en el sitio casi todos los caballos que aún quedaban y activar el fuego con grasa, para que durase mucho tiempo.

La acción tenía la finalidad de crear la imagen de un campamento efectivo que cubriera la fuga, la que finalmente se efectuó a pie y en un sepulcral silencio.

A las tres de la mañana estaban las tropas en el arroyo Nievas, donde fueron montando dos jinetes sobre un caballo, llegando de esa forma a las ocho de la mañana al Azul.

Aquella dolorosa derrota del Gobierno, fue un triunfo inmenso para los nativos, por el contenido político y además, por haber quedado en una posición inmejorable para hacer prevalecer sus condiciones.

Tras aquella caída memorable, Mitre diría: “El desierto es inconquistable”.