domingo, 25 de junio de 2017

LA ESPIRITUALIDAD DE LOS NATIVOS (1º Parte)


Walter Minor
Walterhistorias@gmail.com.

Excelente introducción al libro “La Pipa sagrada” (Sioux), hecha por Frithjof Schuon

Toro Sentado
Algunos autores se creen en la obligación de poner en duda el que la tradición india posea la idea de Dios, y esto porque creen descubrir en ella un «panteísmo» o «inmanentismo» puro y simple; pero este error no es debido sino al hecho de que la mayor parte de los términos indios que designan a la Divinidad se aplican a todos los aspectos posibles de ésta, y no a su solo aspecto personal; Wakan-Tanka —el «Gran Espíritu»— es Dios, no sólo en cuanto Creador y Señor, sino también en cuanto Esencia impersonal.

Este nombre de «Gran Espíritu», como traducción de la palabra Sioux Wakan-Tanka y de los términos similares en otras lenguas indias, a veces da lugar a objeciones; sin embargo, si Wakan-Tanka —y los términos correspondientes— puede también traducirse por «Gran Misterio» o «Gran Poder Misterioso» (o incluso «Gran Medicina»), y «Gran Espíritu» no es, sin duda, absolutamente adecuado, esta última traducción es, no obstante, del todo suficiente; es cierto que la palabra espíritu posee cierta indeterminación, pero presenta la ventaja de no implicar ninguna restricción, y esto es exactamente lo que conviene al término «polisintético» de wakan. La expresión «Gran Misterio» propuesta por algunos como traducción de Wakan-Tanka—o de los términos análogos en otras lenguas indias, tales como Wakonda o Manito—, no aclara mejor que «Gran Espíritu» la idea que se trata de reflejar, pues la palabra «misterio» no expresa en suma más que una cualidad extrínseca; por lo demás, lo que importa es la cuestión de saber, no si el término indio expresa exactamente lo que nosotros entendemos por «espíritu», sino si la idea expresada por el término indio puede traducirse por «espíritu» o no.

Hemos dicho anteriormente que el «Gran Espíritu» es Dios, no sólo en cuanto Creador y Señor, sino en cuanto Esencia impersonal; añadiremos que, inversamente, es Dios, no sólo como puro Principio, sino también como Manifestación: Así pues, Él es Dios como tal y en Sí mismo, y por consiguiente Dios como Manifestación cósmica, si está permitido expresarse así, y por último, Dios como reflejo de Sí mismo en esta Manifestación, es decir, como sello divino en lo creado.

Lo que acabamos de decir se desprende de modo necesario del uso mismo que hacen los indios de la mayor parte de los términos que designan al «Gran Espíritu»; pero, aparte de esto, los sioux establecen explícitamente una distinción entre los aspectos esenciales de Wakan-Tanka: Tunkashila («Abuelo») es Wakan-Tanka en cuanto éste se halla más allá de toda manifestación, e incluso más allá de toda cualidad o determinación, sea cual sea; Ate («Padre»), por el contrario, es «Dios en acto»: el Creador, el Sustentador y el Destructor. De modo análogo distingue, en lo que concierne a la «Tierra», a Unchi («Abuela») e Inâ («Madre»): Unchi es la sustancia de todas las cosas, mientras que Inâ es su acto creador —considerado aquí como un «alumbramiento»—, acto que produce, conjuntamente con la «inspiración» por Ate, a todos los seres.
 
Pueblo  Sioux en el río Laramie - Nebraska 1874
A través de las especies animales y de los fenómenos fundamentales de la Naturaleza, el indio contempla las esencias angélicas y las Cualidades divinas: en este orden de ideas, citaremos las consideraciones siguientes de una carta de Joseph Epes Brown: «Es difícil, para aquellos que consideran la religión de los hombres rojos desde el exterior, comprender la importancia que tienen para ellos los animales y, de modo general, todas las cosas que contiene el Universo. Para estos hombres, todo objeto creado es importante, por la sencilla razón de que conocen la correspondencia metafísica entre este mundo y el «Mundo real». 

Ningún objeto es para ellos lo que parece ser sólo según las apariencias; no ven en la cosa aparente más que un débil reflejo de una realidad principial3. Por esto toda cosa es wakan, sagrada, y posee un poder, según el grado de la realidad espiritual que refleja; así, muchos objetos poseen un poder para el mal, tanto como para el bien, y todo objeto es tratado con respeto, pues el «poder» particular que contiene puede ser transferido al hombre; los indios saben bien que no hay nada, en el Universo, que no tenga su correspondencia analógica en el alma humana. El indio se humilla ante toda la Creación, sobre todo cuando «implora» (es decir, cuando invoca ritualmente al Gran Espíritu en soledad), porque todas las cosas visibles han sido creadas antes que él (anterioridad que, desde el punto de vista de determinado simbolismo de las criaturas, tiene también un sentido puramente principial) y que, por ser sus antepasados, merecen respeto; pero el hombre, aunque haya sido creado en último lugar, es, no obstante, el primero de los seres, pues sólo él puede conocer al Gran Espíritu (Wakan-Tanka)
Estas consideraciones permitirán comprender mejor cómo toda cosa «característica», es decir, que manifiesta una «esencia», es wakan, «sagrada».

 Creer que Dios es el sol, es ciertamente un error totalmente «pagano» —y ajeno al pensamiento indio—, pero es igualmente absurdo creer que el sol no es nada más que una masa incandescente, es decir, que no «es» Dios de ningún modo. Podríamos, también, expresarnos de la manera siguiente: wakan es lo que es íntegramente conforme a su propio «genio»; el Principio es Wakan-Tanka, es decir, lo que es absolutamente «Sí mismo»; y por otra parte, el sabio es aquel que es perfectamente conforme a su «genio» o a su «esencia»; ésta no es otra que el «Gran Espíritu» o el «Gran Misterio». 

Es wakan, «sagrado», lo que permite «conformarse » directamente a la Realidad divina; el hombre es wakan cuando su alma manifiesta lo Divino con la evidencia espontánea y fulgurante de las maravillas de la Naturaleza: los elementos, el sol, el relámpago, el águila, el bisonte, el oso, las montañas, los torrentes,las estrellas, y así sucesivamente. Por esto la cobardía —especie de abandono de la «personalidad»— es el pecado por excelencia; y esto explica también el «individualismo» aparente o real de los indios, actitud que, partiendo de la «personalidad cual itativa», ha terminado por convertirse en un individualismo arriesgado.
 
En cuanto al conocimiento del «Gran Espíritu», que solo el hombre, entre todas las criaturas terrestres, puede alcanzar, Hehaka Sapa lo definió un día en estos términos:«Soy ciego y no veo las cosas de este mundo; pero cuando la luz viene de Arriba, ilumina mi corazón y puedo ver, pues el Ojo de mi corazón ( Chante Ishta) lo ve todo. El corazón es el santuario en cuyo centro se halla un pequeño espacio en el que habita el Gran Espíritu, y éste es el Ojo (Ishta). Éste es el Ojo del Gran Espíritu por el que Él ve todas las cosas, y por el que le vemos. Cuando el corazón no es puro, el Gran Espíritu no puede ser visto, y si hubierais de morir en esta ignorancia, vuestra alma no podrá regresar inmediatamente a Su lado, sino que deberá purificarse mediante peregrinaciones a través del mundo. Para conocer el Centro del corazón en el que reside el Gran Espíritu, debéis ser puros y buenos, y vivir según la manera en que el Gran Espíritu nos ha enseñado. El hombre que, de este modo, es puro, contiene al Universo en la bolsa de su corazón (Chante Ognaka).»

Alce Negro: Chaman Sioux
No podríamos hacer nada mejor, antes de comentar sumariamente el simbolismo delCalumet, que citar la explicación que de él ha dado Hehaka Sapa en su primer libro(Black Elk Speaks): «Lleno la Pipa sagrada con la corteza del sauce rojo; pero antes de que la fumemos, debéis ver cómo está hecha y qué significa. Estas cuatro cintas que cuelgan del cañón son las cuatro Regiones del Universo: la negra representa el Oeste, en el que viven las criaturas del Trueno para enviarnos la lluvia; la blanca representa el Norte, de donde viene el gran Viento Blanco que purifica; la roja representa el Este, de donde brota la luz y donde mora el Lucero del alba a fin de dar la sabiduría a los hombres; la amarilla representa el Sur, de donde viene el verano y el poder de crecer. 

Pero estos cuatro espíritus no son en suma más que Un Espíritu, y esta pluma de águila simboliza el Uno, que es como un padre; pero representa, también, los pensamientos de los hombres, que deben elevarse hacia las alturas como hacen las águilas. ¿No es el Cielo un padre, y la Tierra una madre, y todos los seres vivientes sus hijos, ya tengan pies, alas o raíces? Y este cuero de la boquilla, que ha de ser de piel de bisonte, indica la Tierra, de la cual venimos y de cuyo seno nos nutrimos toda la vida, semejantes a recién nacidos, con todos los animales, pájaros, árboles y hierbas. Y porque significa todo esto, y más de lo que ningún hombre puede comprender, la Pipa es sagrada.»

Cuando el indio lleva a cabo el rito del Calumet, saluda al cielo, a la tierra, y a los cuatro puntos cardinales, ya sea «ofreciéndoles» la Pipa, cuyo cañón presenta, como lo quiere, por ejemplo, el ritual de los sioux, ya dirigiendo el humo hacia las direcciones indicadas y a veces también el «fuego central»5 —el agni védico— que arde ante el oficiante; el orden de estos gestos puede variar, pero su plan estático es siempre el mismo, ya que constituye el esquema doctrinal, dogmático si se quiere, que será actualizado por el rito.

Conforme a algunos usos rituales, comenzaremos nuestra enumeración con el Oeste: este «Viento del Oeste» trae el trueno y la lluvia, es decir, la Revelación y también la Gracia; el «Viento del Norte» purifica y da la fuerza; del «Este» viene la Luz, y, por tanto, el Conocimiento, que, según la perspectiva india, están en relación con la Paz; el «Sur» es la fuente de la Vida y del Crecimiento; allí es donde empieza el «buen Camino rojo», la Vía de la dicha y la felicidad. Así es como el Universo depende de cuatro determinaciones primordiales, a saber: el «Agua», el «Frío», la «Luz», y el «calor»; la primera, el «Agua», no es otra cosa que el aspecto positivo de la oscuridad, que normalmente debería oponerse a la luz como el frío se opone al calor; el aspecto positivo de la oscuridad es, en efecto, su cualidad de «sombra» que protege contra la fuerza desecante del sol y que produce o favorece la humedad; es necesario que el cielo se oscurezca antes de poder dar la lluvia, y que Dios manifieste la Cólera —el trueno— antes de conceder la Gracia, cuyo símbolo natural es la lluvia. 

En cuanto al «frío» —del Viento santificante y purificador que da la fuerza»—, su aspecto positivo es la pureza, de modo que podría oponerse la «Pureza» del Norte al «Calor» del Sur como se opone la «Lluvia» del Oeste a la «Luz» del Este; la relación entre el «Frío» y la «Pureza» es evidente: las cosas inanimadas y, por tanto, «frías», es decir, los minerales, no están sujetas a la corrupción como los seres animados y, por tanto, «calientes». La «Luz» del Este, ya lo hemos dicho, es el «Conocimiento»; el «Calor» es la «Vida» y, por consiguiente, el «Amor» y también la «Bondad», la «Belleza», la «Felicidad». (termina en la proxima entrega)

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